miércoles, 28 de abril de 2010

La Taberna

Me encontraba sumido en el bullicio ensordecedor del bar, de luces bajas expandiendo las sombras hacia cada rincón, y el color de la madera que se teñia de gris por los inmensos nubarrones producidos desde los cigarros, que creaban una densa neblina en la pequeña y cálida taberna.

El encuentro había finalizado y el hombre que se encontraba frente a mi agonía interior, sonreía con soberbia, y disfrutaba mucho el ambiente que rápidamente se había transformado en un debate colmado de opiniones que chocaban con violencia, palabras que jamás se encontraban, labios que intentaban imponerse y oídos que cerraban su entender como grandes puertas de hierro.

Divisé con cautela al hombre poseido por esa sonrisa que aun dibujaba su rostro, como si este fuera un estado de eterno placer, como si hubiera deseado aquella sensación durante las últimas semanas tanto o más que su propio bienestar.

Lentamente contemplé como acariciaba su cabello canoso y le guiñaba el ojo a un simpatizante, quien se tambaleaba producto de largas copas que había bebido, disponíendose a abandonar el bar transitando, aparentemente, un camino sinuoso.

"La determinación de nuestra inexorable defensa nos llevó al triunfo" manifestó.

El hombre de cabellos grises como la niebla, asintió y tras incorporarse se saludaron con fuertes palmeadas y gestos cómplices. Luego, abandonó la taberna.

Infelíz, me dispuse a beber una nueva copa implorándole a la noche, olvidar los sucesos que tan frescos se repetían en mi mente. Y cada vez que oía el silbato, sentía nuevamente esa dolorsa punzada, al recordar lo penoso que resulta perdér la fé, que las esperanzas te olviden en la promesa... en el encanto.

La taberna se expresaba con sus sonidos, sus olores, las copas en alto, los que se unían en cantos triunfales y los que en silencio se apartaban, para al fin, perderse en las sombras.

No era precisamente un hombre cuerdo en aquél entonces. La bebida y la pena me llevaron hacia la mesa del canoso señor que aún lucía su rostro iluminado por el encanto de la victoria. Le indagué si me permitía tomar asiento, si no le pareceía inoportuno, que sólo deseaba platicar con él.

En una mezcla de asombro y de intriga aceptó. Y sin más, luego de oír el último tintinéo, la última carcajada, lanzó la primera pregunta: "Y bien, qué me dice de nuestro equipo"?

Sin prentender hacerlo, mi boca se torció enseñando un gesto de repudio, el cual intenté disimular mediante el silencio que posteriormente impuse, tras esa respuesta espontánea pero franca, inquirí:

¿Para usted ha sido una digna victoria? pregunté, mientras mi cuerpo se mecía levemente.

"Es una victoria, y eso es lo que cuenta. Se ganó, se obtuvó lo que tanto deseabamos". Respondió rotundamente el hombre.

¿No cree que el fútbol debe ser jugado en la manifestación pura y sincera, es decir en la estética del juego construído y elaborado?

¿No piensa usted que existen diferentes formas de alzarse imponente sobre la gloria? Ahora era la bebida que pláticaba desde la fuente de la verdad y la tristeza.

"No creo en las formas, ganamos y eso es lo que realmente importa, el resto es anecdótico" Replicó el canoso de forma sentenciante.

"Eso cree?"

"Pues permítame decir que olvidarse del balón, no intentar incursionar en la ofensiva, no desear encontrar, a pesar de haber perdido un hombre, un estilo entablado en el contra-ataque, no proponerse controlar el balón y hacerlo herramienta de su propia defensa y no un objeto dañino al que hay que patear hacia la lejanía de las gradas, es sinceramente señor la ideología de juego más perezosa que he oído en toda mi vida."

En ese entonces, la taberna escuchaba mi verborrea con inquietante atención............

"Durante esta noche ustedes han asesinado el buen fútbol. Eso es lo que son, asesinos. Y tal vez hallan alcanzado la final, pero el tiempo les demostrará que ese camino, el del rechazo hacia el armoniso andar de este arte con balón, imponíendo el de la brusquedad , el de la cobardía, los llevará pronto a mal puerto y entonces se verán obligados a cambiar".

El hombre canoso levantaba las cejas, sin dejar a un lado su actitud petulante.

"No le perimitré que insulté la imágen de mi equipo" tronó, tomándo la botella de vino que se encontraba a su lado como si fuera a emplearla para golpear al hombre que, por efecto del alcohol, despedía sus verdades sin percatarse que la muchedumbre les profesaba hacia ellos, un silencio teatral, mientras que sus ojos se posaban en ellos y oían atentamente cada palabra.

"Discúlpeme pero su equipo ha perdido la moral, ha perdido la imágen escondíendose en su propio campo, olvidando jugar al futbol con la premisa de dominar y protagonizar el encuentro. Su sistema no es más que una gran adoración a la defensa y sus constantes deseos de entorpecer y dañar el espectáculo. Se vieron obligados a cambiar su ideologia... sus ideales que los habían llevado a ganar en la primer rueda. Fue el miedo, la cobardía la que los llevó hacia su propia meta, con la excusa de que la defensa "es un arte".

"Ustedes han jugado al fútbol olvidándose de los aspectos atráctivos. La defensa representa una parte del repertorio, no la totalidad, al fútbol debe jugarse desde la imposición territorial, con el balón como propiedad y la imaginación traducida en una ola de ideas".

Encolerizado, el hombre canoso tomó la botella y al tiempo que oyó la exclamación, el grito y la verborrea sin fin que lo inculpaba de:

Asesino!

Le acestó un golpe furioso, y el borracho cayó pesadamente al suelo.

1 comentario:

  1. Como andas Maty! Che me pareció excelente yo ya te dije personalmente pero te felicito por haber encontrado tu vocación y poder volcarla en un escrito para compartirlo con todos, te felicito porque la verdad que me parece muy pero muy bueno. Y bueno aparte de felicitarte queria invitarte a poder leer la nueva nota de mi blog, es mi deseo que lo puedas leer y bueno compartir ese mensaje con vos. No se si va a aparecer pero por las dudas el link es http://porunminutodeamor.blogspot.com. Te mando un abrazo y la seguimos. Juani.

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