Los dirigidos por "John Anthony Burgess" han demostrado el recurso de la violencia sin sentido, sin un objetivo claro una vez más. Esta generación anaranjada ha humillado, ha expuesto y teñido una ideología con manchas profundas, díficiles de remover, manchas que han dominado la composición de la fina tela anaranjada, que hoy luce como un color triste, en constrate a la brillantez lucida en la época de los '70 y los '80.
El partido que dió como punto final al mundial 2010 entre Holandeses y Españoles, expuso claramente dos juegos bien contrastados. Por un lado, el circuito colectivo, el impecable y apacible toque de España frente a la Naranja Mecánica. Este última palabra no en vano ha sido utilizada en el pasado, donde los gloriosos nombres como Jongbloed; Suurbier, Rysbergen y Krol; Neeskens, Haan, Jansen, Van Hanegen y Cruyff; Rensenbrink y Rep, expusieron en el verde campo el fútbol total de Rinus Michels. Este equipo ensayó durante el mundial del '74 una doctrina que marcó un nuevo concepto del fútbol, estos nombres, a pesar de no alcanzar la corona fueron mencionados en cuadros de honor, fueron presentados al mundo futbolero como los hombres que alcanzaron un futbol celestial, de lo mejor que se ha visto en la historia. Era un conjunto prodigio, colmado de técnica, velocidad, potencia e inteligencia táctica sin paralelo en la historia reciente del balón-pie.
Traicionando sin consideración alguna el pasado que les había permitido ser mencionados en el mismo status que otras potencias Europeas y Sudamericanas, el selecciionado "orange", que comparte colores con los dignos señores representantes del pasado pero que se hallan tan alejados en las líneas de pensamineto, puesto que se han dedicado a rebautizar el concepto de "mecánico" hasta intoducirle una denominación negativa.
Las patadas fueron mecánicas, las interrupciones, los intentos de corromper a un árbitro que de por si, ya se hallaba perdido en su libreto de la justicia. Los agravios a la estética Española que mantuvo el carácter , el pensar y no abandonar los fundamentos que lo habían llevado por la senda victoriosa.
Holanda ha destruido, ha desencantado sus raíces, ha condenado a ese rey sin corona, a ser excluido por la sociedad que antes lo aclamaba fervorosamente. El Rey que estuvo a solo unos pasos de sentirse honorable y endiosado luego de vestir el galardón que lo llevaría a la cúspide del poder.
Y en su constraste, una España compenetrada en la concepción del pase. En transformar cada movimiento en una avance ajedrecista para conformar una jugada, a través de una idea, un pensamiento legítimo. España ha teñido de verde el balón puesto que se ha perdido tras rodar tanto por el amplio césped, mientras que ha transformado el cielo en una atardecer, punto cúlmine del día, donde se presentan en la hegemonía del paisaje, los relucientes colores de la bandera Española, el rojo y el imponente sol dorado.
Ha vencido el fútbol, ha vencido la voluntad del toque por sobre la brutalidad y el juego agresivo implementado por Holanda en cada sector del campo, donde no han encontrado argumentos para colonizar los espacios, asi como han fracazado en la conolización futbolera en tierras Africanas.
domingo, 11 de julio de 2010
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